HISTORIA DE UN ASCENSO IMPARABLE

Mi enemigo, con perfidia, quiso convencerme de un cansancio sin fin. Insidiosamente me sugirió que buscara ayuda o, peor aún, que me diera por vencido. Su voz, persuasiva pero engañosa, se insinuó en mi mente, disfrazándose de razón y sabiduría. Parecía una invitación celestial a limitar mis sueños, a no creer en lo imposible, a confiar únicamente en mis propias fuerzas, tanto humanas como finitas. Pero gracias a mi Estrella Polar desenmascaré al impostor, al mentiroso, al príncipe de la mentira.

No era consciente de ello, nunca había oído esas palabras. Pensé que mi camino estaba oculto a los ojos de mi Padre Celestial, que pasaba por alto mis derechos. Sin embargo, mi Papá que reina en los cielos es el Creador omnisciente, el arquitecto de los rincones más lejanos del universo, tanto conocidos como desconocidos. Su atenta mirada y atención me han guardado y protegido desde el vientre de mi madre.

No se cansa ni se cansa; Su sabiduría es insondable. Da fuerza a los cansados ​​y multiplica la energía de los agotados. Hasta los jóvenes se cansan y cansan, los más robustos flaquean y caen; pero yo, que he puesto mi esperanza en el Todopoderoso, renuevo mis fuerzas, vuelo como águila, corro sin cansarme, avanzo sin cansarme.

Me enfrento al núcleo del mal en su esencia pura y salgo triunfante. La mentira ha quedado al descubierto, la trampa ha quedado al descubierto. No era más que un velo de humo para desanimar a su más temido adversario.

Ahora me levanto… el cielo no es un límite, sino un comienzo. Cada desafío es una promesa de victoria; cada batalla, un testigo de mi resiliencia. En esta lucha, la verdad es mi espada y la fe mi escudo. Que cada palabra mía sea un eco de mi victoria: quienes esperan en el Dios Creador no sólo volarán, sino que tocarán el infinito.

(ver Isaías 40:27-31)