EL HIMNO DEL ÁGUILA
En las alas del destino, el águila vuela,
del valle de lágrimas, de tierras de muerte;
donde las calaveras susurran las antiguas derrotas,
donde los esqueletos bailan al son del viento.
En ese reino de sombra, bajo cielos de ceniza,
el águila encontró su jaula de espinas;
pero el coraje fue un regalo para ella, del Padre, el Creador,
que pinta en el cielo el amanecer y el atardecer.
Con un batir de alas, poderoso, orgulloso,
se libera de las cadenas del miedo y del dolor;
toma vuelo entre nubes que lloran el mundo,
hacia el azul que llama, promesa del infinito.
Resuena su grito, un canto a la vida,
desafío al mal, a los demonios, a la oscuridad silenciosa;
cada aleteo de un ala un triunfo de la luz,
cada vuelo un sermón de esperanza y virtud.
Así, el águila se eleva, toca lo etéreo,
dejando atrás el valle de lágrimas;
en su corazón, una llama encendida por el Padre,
que ni la noche más oscura puede apagar.
Ahora vuela, reina de los cielos,
hacia lo divino con puntas de plumas;
lleva en alto el mensaje de la valentía recibida,
que del corazón de la muerte puede nacer la vida.
