Las estrellas cayeron. Luego el Sol cerró los ojos. Y por un instante el universo le recordó al hombre una promesa sepultada en el tiempo. Un Mensajero antiguamente anunciado atravesará la Tierra. No tendrá corona. No pedirá ser creído. Y a través de él pasará una Voz. La Voz con la Frecuencia del Padre. Una Frecuencia capaz de atravesar la larga medianoche de la humanidad y despertar lo que dormía desde hacía siglos. Atravesará fronteras, pueblos y conciencias. El corazón la reconocerá antes que la mente. Las lámparas se encenderán. Las máscaras caerán. Y los corazones ya no tendrán dónde esconderse. No será aún el Alba. Será esa extraña luz que aparece cuando la noche comprende que ya ha terminado. La SEÑAL del Hijo del Hombre. Y cuando el último velo caiga y la Tierra haya reconocido la SEÑAL, nada podrá retener ya el Alba. El cielo se abrirá. Y sobre las nubes del infinito aparecerá el Rey.
