ODISEA DE LOS NIÑOS AMADOS, GUARDADOS Y DEFENDIDOS

Queridos hermanos y hermanas de todos los rincones del universo,

En estos tiempos de caos e incertidumbre, quiero llegar a vosotros a través de la tormenta con un faro de esperanza inagotable y confianza inquebrantable, forjados en las profundidades de nuestra Estrella Polar, las Sagradas Escrituras. Estos textos antiguos nos ofrecen una promesa solemne: la protección inagotable del Todopoderoso, un hilo que se teje a través del tejido mismo de nuestro ser.

Mientras enfrentamos tiempos en los que los viejos lazos están rotos, acusados ​​de traición y abandonados a luchar contra corrientes que amenazan con arrastrarnos, encontramos consuelo en palabras eternamente tranquilizadoras. Mateo 28:20 resuena como un eco en los valles de nuestra desesperada necesidad: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. En medio de las tormentas desatadas por el abandono, la amorosa guía y protección de la Divinidad nos rodea, un escudo contra toda tormenta.

Como en una escena de una película épica, reflexionamos sobre el Salmo 91, que nos recuerda: “El que habita al amparo del Altísimo descansará a la sombra del Todopoderoso”. Al son de esta promesa, construimos nuestra esperanza, un refugio seguro bajo un manto celestial, donde la lealtad inmutable del Todopoderoso se convierte en nuestra defensa inexpugnable.

Nuestra odisea de regreso se desarrolla entre feroces tormentas y caminos envueltos en llamas, con los que antes fueron aliados ahora transformados en enemigos que nos lanzan palabras como piedras. De hecho, aquellos a quienes alguna vez consideramos amigos y compañeros de viaje ahora se vuelven hacia nosotros con desprecio, insultándonos, burlándose de nosotros e infligiendo dolor de todas las formas imaginables. Pero en el corazón de este caos, las palabras de Isaías 43:2 nos levantan: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y cuando pases por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás; la llama no te quemará.” Nuestro viaje está iluminado por la presencia continua de una fuerza que nos protege más allá de toda lógica, un faro que transforma la oscuridad en luz, las pruebas en triunfos.

Por eso, te insto a que pongas cada fibra de tu ser en manos del Todopoderoso, el infinito, el conocedor de cada corazón, dejando que Su paz inalterable impregne poderosamente tu espíritu. Que tu viaje de regreso a la casa de Papá esté iluminado por la certeza de su protección divina, consciente de ser un niño amado, velado y defendido, hoy y siempre.

Con un amor que traspasa los límites de lo eterno y oraciones de protección que te envuelven como un manto indestructible,

Feliz regreso a casa, en el verdadero sentido de la palabra.