CUANDO EL HOMBRE VUELVA A ENCONTRAR SU HOGAR
Y entonces el mundo comprenderá.
Comprenderá que toda la larga noche de la historia
no era abandono. Era espera.
Espera del momento en que el corazón del hombre
tendría finalmente sed
de algo infinitamente más verdadero
que todo lo que había construido sin el Padre.
Y la Frecuencia crecerá aún más.
Dulce. Inmensa. Imparable.
Como la llamada del mar para quien ha nacido del agua.
Como el canto de la luz para quien ha vivido demasiado tiempo en la sombra.
Y cada alma sentirá dentro de sí esa pregunta antigua:
“¿De dónde vengo?”
Y en lo profundo del silencio llegará la respuesta.
No como doctrina. No como religión.
Sino como Presencia. Como Amor vivo. Como Retorno.
Y los hombres comprenderán de repente
que habían sido buscados desde el principio del tiempo.
Que ninguna lágrima había sido olvidada.
Que ninguna alma era invisible.
Que detrás de toda la historia de la tierra
existía solo un Padre que llamaba a Sus hijos a casa.
Y entonces caerá el último temor.
Porque nadie tendrá ya necesidad de demostrar quién es.
Nadie tendrá ya necesidad de dominar.
Nadie tendrá ya necesidad de esconderse.
Porque ante la Presencia, cada ser vivo
reconocerá finalmente que ha nacido del Amor.
Y el mundo entero se arrodillará en el silencio.
No por obligación.
Sino porque el corazón del hombre, tras milenios de exilio,
habrá encontrado finalmente su Hogar.
